Fanes y fanas, sé que he tardado mucho en escribir... Pero aquí estoy de nuevo. Desde España, en casa de mis papás. Ya no sé muy bien si esta es también mi casa, siento que casa es el sitio en el que vivo día a día, aunque no tenga papeles ni pague facturas. Casa es cualquier lugar en el que te sientas bien y seas feliz, y tengo la suerte de tener muchas casas en dos países distintos.
En una de mis casas de Wiesbaden, en donde trabajo, hemos celebrado la navidad con nuestras chicas y los peques. Fue estupendo, una navidad hogareña. Cerca de cuarenta personas, entre trabajadoras, chicas y niñ@s, nos reunimos para darnos una cenorra y repartir regalos. La ilusión de los niños y niñas por abrir los paquetes, el turnarse para jugar con todo y las caritas de sorpresa de los bebés, que muchas veces se ilusionaban más con el papel que con el regalo, fueron una experiencia que me gustó mucho poder disfrutar.
Las mamás también tuvieron su regalo, y las trabajadoras, e incluso nosotras las voluntarias. Sentir que formas parte de algo más grande que tú hace que te sientas bien, segura, protegida. Te hace darte cuenta que influyes en las vidas de las otras personas para bien y para mal, que lo que haces cuenta, y cuenta mucho.
Y después de ese chute de energía y cariño navideño allí... volví a España, a dejarme querer. A volver a ver a toda esa gente que echo de menos y que sé que está ahí, y a compartir un poco de felicidad y ponernos al día.
El día 2 me marcho de nuevo, así que espero poder regalaros un poquito de mi tiempo y que os apetezca a vosotr@s compartir el vuestro. ¡¡Nos vemos!!