Al final de este viaje que retomo mañana, me esperan:
- Un buzón lleno, quizás con alguna carta importante.
- Mi cepillo de dientes eléctrico.
- La cama de 1,40.
- El edredón calentito.
- Mis plantas, que espero sigan vivas o sean fáciles de revivir si ya han tirado la toalla.
- Una guardería llena de peques a los que también se les acaban las vacaciones.
- Mucho alemán, tanto gente como idioma.
- Reencuentros con esas personas que hacen más llevadero el exilio.
- Planes y propósitos para el 2013.
- Frío.
- Independencia.
- Intimidad.
- Carlos.
Bueno, Carlos no está al final del viaje, se incorpora en el camino, pero como se queda hasta el final y también forma parte de todas las demás cosas de mi vida en Wiesbaden, entra en la lista.
¡Hogar, dulce hogar mirandés, espero que nos volvamos a ver pronto!