viernes, 14 de enero de 2011

Casi cinco meses después

La nieve se ha retirado a los extremos de las calles, de las carreteras. La noche no llega hasta las cinco de la tarde y el mercurio se mantiene en positivo (al menos durante el día). Parece que hay más luz, que el ambiente está más cálido; parece que la primavera está por llegar pero no, aún estamos en enero.
Las casas siguen con su decoración navideña, que en realidad no es sólo navideña, es invernal. Aquí se lleva decorar las casas (y las tiendas, y las escuelas, y el lugar de trabajo) según las estaciones: adornar los cristales, las fachadas, las entradas.
Hemos cambiado los trineos y las palas por paraguas, las semanas de vacaciones por la vuelta al trabajo. Hemos cambiado un 0 por un 1, y hemos vuelto a empezar con todo, pero sabiendo más: ahora todo el mundo a mi alrededor habla un alemán más comprensible y de mi boca salen palabras enlazadas con otras, formando frases que antes sólo existían en mi cabeza y desaparecían al intentar pronunciarlas. Pienso en alemán y el inglés se me ha vuelto a hacer difícil; me encuentro paseando por mi ciudad cuando antes sólo me apuraba por llegar a casa para no congelarme.
Si todo esto no es estar adaptada, seguro que al menos voy por el buen camino.

domingo, 9 de enero de 2011

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¡Ya estoy de vuelta en Löbau! Bueno, en realidad llevo aquí una semana, pero debido a la gripe que disfruté en España y de la que me traje parte a Alemania he estado de baja. Así que nada de guarde, ni de niños, ni de compañeras. Me he pegado la semana entre la cama, las sopitas y el ordenador (gracias a lo que sea que no se ha aprobado la dichosa Ley Sinde ¡SeriesYonkis, os quiero!).
Sin embargo, el fin de semana ha estado entretenido. Mi baja médica duraba hasta el viernes y para el miércoles ya estaba muerta del asco de estar todo el día en casa. Pero claro, no podía salir. Así que el sábado me fui de rebajas, a celebrar mis Reyes Magos, que se ve que no han encontrado el camino hasta Löbau. Y después de despilfarrar un poco, tenía fiesta de cumpleaños del señor Wolf, con toda la familia, claro. A las 6 comenzamos la cena: pucheros, tabla de quesos y fruta. La verdad que no se hartan a comer como nosotros, y como de costumbre, lo hacen rapidísimo... En menos de 1 hora estábamos requetecenados. Eso sí, en vino, cerveza y demás licores (¡hasta Jerez me sirvieron, con denominación de origen!) pasó el resto de la noche, porque como en realidad el cumpleaños es hoy, esperamos hasta las 12 para felicitar al anfitrión en condiciones. Fue una tarde entretenida: algo más de 20 personas entre hermanos, hermanas, hijos, nietos y cónyuges. Los niños tocaron los instrumentos que sabían (flauta, saxofón, piano) y a medianoche cantamos el Happy Birthay, brindamos con champán y comimos tarta. Y poco después fue tiempo de retirarse, porque desde las 6 de la tarde... Al final va a ser que sí saben montarse buenas fiestas.
Y mañana a trabajar, ¡por fin! A ponerme al día con mis peques y mis compañeras y disfrutar, ¡que ya sólo me quedan 8 meses!