¡Ya estoy de vuelta en Löbau! Bueno, en realidad llevo aquí una semana, pero debido a la gripe que disfruté en España y de la que me traje parte a Alemania he estado de baja. Así que nada de guarde, ni de niños, ni de compañeras. Me he pegado la semana entre la cama, las sopitas y el ordenador (gracias a lo que sea que no se ha aprobado la dichosa Ley Sinde ¡SeriesYonkis, os quiero!).
Sin embargo, el fin de semana ha estado entretenido. Mi baja médica duraba hasta el viernes y para el miércoles ya estaba muerta del asco de estar todo el día en casa. Pero claro, no podía salir. Así que el sábado me fui de rebajas, a celebrar mis Reyes Magos, que se ve que no han encontrado el camino hasta Löbau. Y después de despilfarrar un poco, tenía fiesta de cumpleaños del señor Wolf, con toda la familia, claro. A las 6 comenzamos la cena: pucheros, tabla de quesos y fruta. La verdad que no se hartan a comer como nosotros, y como de costumbre, lo hacen rapidísimo... En menos de 1 hora estábamos requetecenados. Eso sí, en vino, cerveza y demás licores (¡hasta Jerez me sirvieron, con denominación de origen!) pasó el resto de la noche, porque como en realidad el cumpleaños es hoy, esperamos hasta las 12 para felicitar al anfitrión en condiciones. Fue una tarde entretenida: algo más de 20 personas entre hermanos, hermanas, hijos, nietos y cónyuges. Los niños tocaron los instrumentos que sabían (flauta, saxofón, piano) y a medianoche cantamos el Happy Birthay, brindamos con champán y comimos tarta. Y poco después fue tiempo de retirarse, porque desde las 6 de la tarde... Al final va a ser que sí saben montarse buenas fiestas.
Y mañana a trabajar, ¡por fin! A ponerme al día con mis peques y mis compañeras y disfrutar, ¡que ya sólo me quedan 8 meses!
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