miércoles, 31 de diciembre de 2014

Adiós 2014, adiós...

Y termina un año que ha sido una especie de tsunami sentimental, con sus altibajos, sus penas dolorosas y alegrías muy alegres.

El 2014 empezó triste, a más no poder, y esa tristeza duró la primera mitad del año, con sus momentos de felicidad intercalada haciendo todo un poquito más llevadero (y raro). Resultó que lo mejor fue terminar con todo para volver a empezar y encontrarse, encontrarme; tuve que llorar todo lo dolido para darme cuenta de que no me quedaba otra que seguir adelante. Por suerte, la gente tan maravillosa que he conocido en el camino han hecho este viaje hacia mi interior más caluroso y ameno. 

Este ha sido un año de soltar lastre, de dejar ir a las personas que no querían seguir a mi lado y de acoger con todo el cariño del mundo a las que han llegado, algunas más por sorpresa que otras.

Así como no quería que empezara el 2014 ahora me da un poco de miedo que se vaya, por si se lleva las cosas tan buenas que me ha traído al final. Pero los años pasan sin preguntar a nadie, así que le dejo irse y que el 2015 decida si lo bueno se queda o si sólo pasó a saludar.

Con lo bueno y con lo malo, con sus blancos, sus negros y sus grises, con todos los colores de la paleta, el año se termina y lo vivido en él pasa a ser recuerdo. 
Ahora tengo por delante un año de retos, de incertidumbres, de mudanza como siempre, y de dejarme llevar. Un año de esperar que la vida sorprenda y pedir solamente que, a ver si esta vez, es para mejor.

Va a ser un año de celebraciones que no pasarán en la distancia, como siempre; va a ser un año de acercarme un poquito más para no admitir que sigo lejos.

Ahora toca cruzar los dedos y querer que lo bueno venga pronto y lo malo se aleje cuanto antes, en caso de que se atreva a volver a acercarse.

martes, 17 de junio de 2014

Y todo cambió...

Daniel nació una semana más tarde. Carlos no cogió ese avión. 

Vine para pasar unos días tranquilos, disfrutar de unas fiestas en las que hacía cuatro años que no estaba, hacer una visita a Burgos y conocer a Raquel, ver a Aisha y la tripita de Bea, ver a Jimena; vine a hacer turismo por Madrid, con una habitación para dos reservada en pleno Tribunal, citas con amigos, amigas, una barbacoa, museos, sol y conocer a Daniel.
Y no me moví de Miranda.

Han pasado muchas cosas, demasiadas quizás, en estas últimas semanas. Ha terminado una parte importante de mi vida y las heridas están muy abiertas. No nos supimos querer, o no nos quisimos de la forma adecuada, o nunca fuimos esa persona para el otro. Creo que pierdo mucho más de lo que he ganado en este tiempo, creo que me va a costar mucho seguir adelante, pero también sé que esto estaba anunciado. Nos hemos hecho más daño del que queríamos y me duele decir que no creo que haya un final feliz para ninguno de los dos. No creo que perdone nunca lo que me ha hecho sufrir, lo que me he ocultado, lo que ha negado todo el tiempo para después admitirlo. Pero a base de caer uno aprende a andar y esto sólo es un tropezón más en la vida.
Se van mis planes de futuro, mis planes de cada día; me tengo que despedir de mi casa y de mi jardín, de mis muebles, que no son más que el reflejo de días felices y de ilusiones. Lo vuelvo a dejar todo atrás para volver a empezar de nuevo. 
Y con esta no sé ya ni las veces que van que hago borrón y cuenta nueva...

Mi abuela murió. Pero esta vez estuve ahí, estuve aquí, la vi marchitarse e irse, vi llorar a mi madre y lloré con ella de rabia y dolor por haberme perdido tantas cosas en estos años. Por saber que quizá la próxima vez que pase algo volveré a no estar, y eso duele más de lo que parece.

Decidí darme un tiempo, pedí otra semana de vacaciones. Decidí dedicárselo a mis padres, a mis amigos y amigas, a las cosas buenas que aún me quedan y que me dan fuerza. Hice una visita fugaz a mi nuevo piso, a mis buenos amigos y amigas de allí que han aguantado risas y lloros, me han acogido con los brazos abiertos cuando más perdida estaba y me han llenado de abrazos, besos y cariño. Me han recordado que la vida sigue, que he tenido la suerte de encontrar a mucha gente maravillosa como ellos en el camino.

Estoy empezando a echar de menos mi trabajo, mis compañeras, mis peques. Estoy recuperando poco a poco las ganas de seguir y este parón de dos semanas me ha venido muy bien. Las heridas se lamen mejor en casa de los papás. La vida sabe mejor cuando ya no tienes planes a largo plazo que puedan romperse, cuando vives el momento, cuando olvidas el ayer y piensas en el hoy, en el ahora.

Vuelvo a estar sola, vuelvo a estar bien. Toda la energía que malgastaba queriendo a alguien que no me quería y cambiando cada ápice de mi ser para que se quedara puedo invertirla en quererme a mí y hacerme feliz. Porque lo necesito. Porque me lo merezco.
Porque quiero dejar de perderme las cosas importantes de mi vida por complacer a otros. 

Porque alguna vez me tiene que salir bien a mí...

jueves, 3 de abril de 2014

Dándome otra oportunidad

"A veces las cosas se ponen difíciles y no sabes cómo seguir. Hay momentos en los que parece que el camino está lleno de piedras y tú vas descalza, sabiendo que vas a hacerte daño pises donde pises.
Sin embargo, por cada piedra con la que tropiezas hay mil flores que te recuerdan por qué elegiste ese camino, y si te concentras en mirar hacia adelante, te terminará pareciendo que andas sobre las nubes."

Después de unos meses difíciles las buenas noticias han llamado a la puerta, y la confianza y la ilusión con que las espero hacen que todo parezca un poco menos malo. 
Es muy duro sentir que estás sola, que todo por lo que has luchado se ha ido desvaneciendo  delante de tus narices y que te encuentras perdida, sin saber cómo has llegado a esto. Es muy duro perder la confianza en alguien a quien quieres con todas tus fuerzas, que está a tu lado cada día; es muy duro dudar hasta de tu propia sombra, no querer quererle más, sentirte engañada. 
Todo eso me ha pasado en los últimos meses. 

Pero, afortunadamente, siempre hay luz al final del túnel. Quizá no sea la luz que a mí me gustaría ver, pero es luz al fin y al cabo, y alumbra.

El caso es que todo va relativamente bien: me han ascendido en el trabajo, estoy conociendo gente estupenda que me alegra mucho que haya aparecido y mi hermano me va a regalar una criaturita más a la que querer con todas mis fuerzas, aunque sea, como siempre, en la distancia.

Porque son esas pequeñas grandes noticias las que te hacen plantearte la vida, lo que haces con ella, lo que quieres y puedes, y preguntarte qué sientes, que estás sintiendo, dejar de menospreciarte e infravalorarte y decir que sí, que yo puedo, que yo valgo. No permitir más que te hagan sentir poca cosa, mal, invisible. 
Gritar que aquí estoy y que el camino lo he recorrido sola; que si he llegado hasta aquí voy a ser capaz de continuar y que nadie más que yo es responsable de lo que se me mueva por dentro.

Así que... ¡¡¡empecemos a querernos!!!

jueves, 2 de enero de 2014

Empezando el año... y empezando a contarlo

¡¡¡Feliz 2014!!! 

Como de costumbre, escribo después de mucho tiempo de parón y prometo que no es uno de los propósitos de año nuevo escribir más a menudo, simplemente he recordado que tenía un blog y pocos pero importantes fanes, así que quería poner esto un poquito al día. Comienzo:

Ya estamos instalados en Múnich. De hecho, llevamos poco más de seis meses viviendo allí. En este tiempo he cambiado de trabajo, conocido gente estupenda, vivido alguna que otra anécdota divertida y tenido hasta un montón de visitas que han hecho que quien esté en información al turista en Múnich no me haga ni sombra. 

Actualmente, las cosas van bastante bien. Después de unos meses con la casa patas arriba y con mil detallitos por terminar pero sin ganas para terminarlos, creo que podemos decir que está todo hecho. Cambié de trabajo por principios, ya que el anterior no era el estilo educativo que a mí me gusta llevar a cabo y preferí buscar un lugar en el que sentirme realizada a uno con el que simplemente pagar  el alquiler. Y lo encontré. Es una guardería completamente nueva, con un concepto que se adapta más a mi visión del mundo y la educación y con unas compañeras y un compañero con los que hay química. Aunque tardó en abrir y empezar y en todo, debido a obras, denuncias y demás papeleo que no me interesa ni a mí, ya está, ya existe, ya tengo un lugar al que ir cada día y hacer algo, aunque sólo sea comer y tomar cafés. El caso es que debido a los retrasos (esta guardería debería llevar abierta muuuuuuuucho tiempo) actualmente no tenemos más que dos niños, hijos de una de mis compañeras, pero conociendo Alemania y su necesidad de plazas de guardería creo poder asegurar que esto funcionará tarde o temprano. En cuanto a mi puesto, soy encargada de uno de los dos grupos de peques de seis meses a tres años, con dos trabajadoras a mi cargo y posibilidades de ascenso, lo cual hace todo mucho más emocionante. Para rematar todas estas condiciones estupendas con las que me he encontrado, la guardería está a escasos tres minutos andando de la puerta de mi casa, lo que significa no más retrasos debido al transporte, no más días de no saber a qué hora voy a volver a casa, ni perderme por las esquinas y jurar y perjurar que odio Múnich. Eso se acabó y tengo que reconocer que es algo importante para mí.

Qué más, qué más... Múnich es una ciudad bonita y pese a mi recelo a las ciudades grandes dada mi escasa (o nula) orientación, tengo que reconocer que he aprendido un montón en cuanto a viajar en metro, tranvía, cercanías y buses, y creo que hasta podría decir que lo tengo todo controlado. 
He aprovechado las visitas para hacer turismo por la ciudad (las visitas y el tiempo libre debido a la inexistencia de guardería en la que trabajar) y hemos ido a sitios que pensé que no me gustarían y de los que después no he querido salir. He estado con gente a la que no me molestaría en dirigir la palabra si estuviera en otra situación y que luego han resultado ser personas divertidísimas.

Así, en general, tengo que decir que me gusta Múnich, me gusta mi trabajo y hasta me gusta nuestra casa con sus humedades y su fresquito en invierno (añadamos el jardín y que es un dúplex para que no lo veáis tan cutre). 
Y eso es lo que os puedo contar, creo que ha sido un montón.
Carlos sigue siendo más que mi compañero de piso y mañana mismo me voy a hacerle una visita a su amada Barcelona, de donde creo que cada vez va a ser más difícil hacerle volver. Pero bueno, es lo que hay, es lo que tenemos y lo que hemos decidido hacer, de momento, con nuestras vidas.

Este año promete ser estupendo, entre otras cosas por la llegada al mundo de dos personitas más a las que visitar cada vez que venga, y venir para visitarlas. Así que espero que este año pase con un pie en Múnich y otro en España, para no perderme del todo lo que seguro me voy a perder, y agradecer infinitamente esto de las nuevas tecnologías para poder vivir, en la distancia, las cosas que me encantaría que pasaran delante de mis narices.

Lo dicho, a disfrutar de este año y de todos los días que lo componen. 
¡Un beso!