¡¡¡Feliz 2014!!!
Como de costumbre, escribo después de mucho tiempo de parón y prometo que no es uno de los propósitos de año nuevo escribir más a menudo, simplemente he recordado que tenía un blog y pocos pero importantes fanes, así que quería poner esto un poquito al día. Comienzo:
Ya estamos instalados en Múnich. De hecho, llevamos poco más de seis meses viviendo allí. En este tiempo he cambiado de trabajo, conocido gente estupenda, vivido alguna que otra anécdota divertida y tenido hasta un montón de visitas que han hecho que quien esté en información al turista en Múnich no me haga ni sombra.
Actualmente, las cosas van bastante bien. Después de unos meses con la casa patas arriba y con mil detallitos por terminar pero sin ganas para terminarlos, creo que podemos decir que está todo hecho. Cambié de trabajo por principios, ya que el anterior no era el estilo educativo que a mí me gusta llevar a cabo y preferí buscar un lugar en el que sentirme realizada a uno con el que
simplemente
pagar el alquiler. Y lo encontré. Es una guardería completamente nueva, con un concepto que se adapta más a mi visión del mundo y la educación y con unas compañeras y un compañero con los que hay química. Aunque tardó en abrir y empezar y en todo, debido a obras, denuncias y demás papeleo que no me interesa ni a mí, ya está, ya existe, ya tengo un lugar al que ir cada día y hacer algo, aunque sólo sea comer y tomar cafés. El caso es que debido a los retrasos (esta guardería debería llevar abierta muuuuuuuucho tiempo) actualmente no tenemos más que dos niños, hijos de una de mis compañeras, pero conociendo Alemania y su necesidad de plazas de guardería creo poder asegurar que esto funcionará tarde o temprano. En cuanto a mi puesto, soy encargada de uno de los dos grupos de peques de seis meses a tres años, con dos trabajadoras a mi cargo y posibilidades de ascenso, lo cual hace todo mucho más emocionante. Para rematar todas estas condiciones estupendas con las que me he encontrado, la guardería está a escasos tres minutos andando de la puerta de mi casa, lo que significa no más retrasos debido al transporte, no más días de no saber a qué hora voy a volver a casa, ni perderme por las esquinas y jurar y perjurar que odio Múnich. Eso se acabó y tengo que reconocer que es algo importante para mí.
Qué más, qué más... Múnich es una ciudad bonita y pese a mi recelo a las ciudades grandes dada mi escasa (o nula) orientación, tengo que reconocer que he aprendido un montón en cuanto a viajar en metro, tranvía, cercanías y buses, y creo que hasta podría decir que lo tengo todo controlado.
He aprovechado las visitas para hacer turismo por la ciudad (las visitas y el tiempo libre debido a la inexistencia de guardería en la que trabajar) y hemos ido a sitios que pensé que no me gustarían y de los que después no he querido salir. He estado con gente a la que no me molestaría en dirigir la palabra si estuviera en otra situación y que luego han resultado ser personas divertidísimas.
Así, en general, tengo que decir que me gusta Múnich, me gusta mi trabajo y hasta me gusta nuestra casa con sus humedades y su fresquito en invierno (añadamos el jardín y que es un dúplex para que no lo veáis tan cutre).
Y eso es lo que os puedo contar, creo que ha sido un montón.
Carlos sigue siendo más que mi compañero de piso y mañana mismo me voy a hacerle una visita a su amada Barcelona, de donde creo que cada vez va a ser más difícil hacerle volver. Pero bueno, es lo que hay, es lo que tenemos y lo que hemos decidido hacer, de momento, con nuestras vidas.
Este año promete ser estupendo, entre otras cosas por la llegada al mundo de dos personitas más a las que visitar cada vez que venga, y venir para visitarlas. Así que espero que este año pase con un pie en Múnich y otro en España, para no perderme del todo lo que seguro me voy a perder, y agradecer infinitamente esto de las nuevas tecnologías para poder vivir, en la distancia, las cosas que me encantaría que pasaran delante de mis narices.
Lo dicho, a disfrutar de este año y de todos los días que lo componen.
¡Un beso!