Parece que ayer fue mi primer día en la guarde y mañana va a ser ya el último. Un año de trabajo que ha pasado volando. Aún me quedo por aquí casi una semanita más antes de volver a España, y todavía volveré a Alemania durante otro año más, pero mi vida en Löbau termina. Löbau seguirá aquí, al lado de fronteras, con su gente, su guardería, y yo me iré lejos, sabiendo que siempre podré volver de visita.
Y los niños crecerán, y me olvidarán, y yo les olvidaré a ellos poco a poco, aunque me cueste más; pero lo vivido, las emociones, lo aprendido, lo sentido, lo descubierto... todo eso se queda conmigo, forma parte de mí ya para siempre. Un trocito de mí se quedará aquí, como un trocito de todas las personas que han compartido este año se vendrá conmigo a donde vaya.
Mañana regalaré flores, muchas flores, que den color durante unos días, e incluso meses, a algún lugar concreto de la vida de mis compañeras de trabajo. Y nos tomaremos un pedazo (o dos) de los pasteles que he comprado con el café. Y si los peques nos dejan alguno, quizás hasta caramelos y chocolate.
Y muchos abrazos. Y muchas sonrisas. Y muchos buenos deseos.
Y muchos recuerdos.
Y mucha vida.
Y mucha experiencia.
Y mucho amor, que al fin y al cabo, es lo que importa.
Auf wiedersehen, mein lieber Kindergarten!