miércoles, 24 de agosto de 2011

Llegando al final

Parece que ayer fue mi primer día en la guarde y mañana va a ser ya el último. Un año de trabajo que ha pasado volando. Aún me quedo por aquí casi una semanita más antes de volver a España, y todavía volveré a Alemania durante otro año más, pero mi vida en Löbau termina. Löbau seguirá aquí, al lado de fronteras, con su gente, su guardería, y yo me iré lejos, sabiendo que siempre podré volver de visita.


Y los niños crecerán, y me olvidarán, y yo les olvidaré a ellos poco a poco, aunque me cueste más; pero lo vivido, las emociones, lo aprendido, lo sentido, lo descubierto... todo eso se queda conmigo, forma parte de mí ya para siempre. Un trocito de mí se quedará aquí, como un trocito de todas las personas que han compartido este año se vendrá conmigo a donde vaya.




Mañana regalaré flores, muchas flores, que den color durante unos días, e incluso meses, a algún lugar concreto de la vida de mis compañeras de trabajo. Y nos tomaremos un pedazo (o dos) de los pasteles que he comprado con el café. Y si los peques nos dejan alguno, quizás hasta caramelos y chocolate.


Y muchos abrazos. Y muchas sonrisas. Y muchos buenos deseos.


Y muchos recuerdos.


Y mucha vida.


Y mucha experiencia.


Y mucho amor, que al fin y al cabo, es lo que importa.


Auf wiedersehen, mein lieber Kindergarten!


lunes, 15 de agosto de 2011

He echado en falta...

La leche condensada en el café (y el café).
Las pipas (y las tardes de pipas).
La luz del sol hasta las nueve de la noche. Poder pasear sin chaqueta.
El kas/fanta o loquesea de limón (para la cerveza).
La merienda: un buen bocadillo de jamón.
Quedar a tomar algo a partir de las 6 de la tarde; salir de fiesta a partir de las 12 de la noche.
Hablar en español. Pensar en español. Poder sentir en español. La radio.
Las persianas.
Tener que disimular el llegar borracha a casa.
Que me cuiden.
Ir al cine. Comer palomitas.
¡Tener un microondas!
Que las seis de la mañana sean una hora irracional a la que levantarse para ir a trabajar, y no lo más normal del mundo.
Beber agua para comer.
Las croquetas.
Las calles llenas de gente hasta las nueve de la noche cualquier día.
Las sábanas.
Dar dos besos.

jueves, 4 de agosto de 2011

28 días

Esto se termina y no me lo creo. Hago planes para el final, despedidas, papeleo, últimas vacaciones, y sé que me voy, me voy de este lugar en el que ya he pasado un año, aunque me parece que llegué ayer. Y no me lo creo. Parece que los finales anunciados, previstos, son demasiado tranquilos y no le da tiempo a mi corazón a sobresaltarse.


Voy a dejar atrás un montón de sonrisas, de palabras amables, de gente que me ha ayudado en todo lo posible, y que yo recuerde (o quiera recordar) absolutamente nada malo. Ningún momento de necesitar volver, ningún momento de sentir que este no era el lugar donde tenía que estar; me voy a ir con la sensación de terminar una etapa de mi vida que tenía que vivir, de dejar hecho algo que tenía que hacer.


He aprendido más de lo que esperaba, eso siempre sucede; he descubierto un montón de lugares, personas, sensaciones, conocimientos, que no sabía que existían. He cambiado, imposible no hacerlo, y espero que a mejor.


Me voy, me queda apenas un mes, me voy de mi casa, de mi trabajo, de mi país, porque todo lo que forma parte de mi vida es mío, me da igual dónde esté el origen. Me llevo un trocito de cada cosa en el corazón, y la seguridad de que esto no lo voy a olvidar nunca.

Y aún me quedan por disfrutar 28 días.