martes, 8 de noviembre de 2011

A esto me dedico

Aquí sigo, rodeada de bebés y mamás adolescentes. Es un trabajo que me está gustando mucho y del que estoy aprendiendo mucho también, aunque como de costumbre, los cambios personales son los que más aprecio.

Sin embargo, os voy a poner un poquito al corriente de en qué estoy trabajando: es un centro para madres adolescentes. Viven allí con sus bebés y, las que tienen pareja estable, con su pareja también. Tienen sus propios apartamentos o habitaciones, dependiendo de su autonomía. Todas ellas tienen una cuidadora de referencia, y hay unas reglas básicas a seguir, tanto a nivel personal como en la convivencia. También se marcan con ellas una serie de objetivos (metas personales, cuidado del bebé, tiempo libre, planes para el futuro...) Al fin y al cabo, la media de edad es de 17 años. Son unas niñas.


Y eso es lo que me apetece contaros hoy: en el tiempo que llevo aquí, apenas dos meses, ya hemos visto marchar a dos mamás y sus bebés. La primera, para poneros en situación, era una chica guapísima de 17 años, con un bebé que ahora tiene cinco meses. Lleva toda su vida de centro en centro, no ha tenido una familia estable ya que la suya no se hizo cargo de ella aunque mantienen el contacto, y se las sabe todas en cuanto a cómo funcionan los centros y hasta dónde puede estirar los límites. Esto terminó suponiendo un problema en la convivencia con las demás y finalmente se tomó la decisión de trasladarla a otra vivienda para madres, pero en lugar de madres adolescentes, madres que no tienen otro lugar para vivir, ya sea por problemas familiares, económicos, malos tratos... Nuestra chica sigue en contacto con nosotras y de momento todo va bien. Además, aún queda la esperanza de que encuentren una familia para ella y su bebé. Bebé que, por cierto, tiene serios problemas en el desarrollo social: no sabe cómo debe contestar cuando le miras, le sonríes, le hablas, le achuchas, porque su madre a veces la adora, a veces la detesta. No consigue dormir si no hay alguien abrazándola. Se despierta de media cada cinco minutos sólo para comprobar que aún hay alguien allí. No para de añarte mientras le das de comer, porque tiene miedo de que dejes de hacerlo si se despista.


La otra mamá que se ha ido, también de 17 años, con su bebé de casi dos meses, tiene pareja estable y estaban muy involucrados en el cuidado. Sin embargo, se han dado cuenta que el cuidado de un bebé les sobrepasa y han decidido dejar al bebé con una familia de acogida. En un mínimo de seis meses podrían volver a recuperarla, dependiendo de cómo evolucionen ellos mismos como personas y como pareja.

Seis meses... En un bebé, es mucho tiempo. Perderte seis meses de la vida de tu bebé porque sabes que no eres capaz de cuidarle tiene que ser muy duro. Pero también es muy valiente admitir que se merece algo mejor de lo que tú puedes darle, e ir a por ello.


Tenemos otra pareja en la cuerda floja. Estos tienen 16 años, al padre el bebé le trae sin cuidado y a la madre a ratos. Tiene tres meses y aparenta quince días. Apenas se comunica, no responde a los estímulos, no emite casi sonidos, no consigue girarse por sí sólo ni sostener la cabeza. Su madre se olvida de bañarle, o de cambiarle los pañales, o de cuándo ha comido o dormido por última vez. En su habitación la música está tan alta, o los gritos, que no oye llorar al bebé. Ahora, tienen que decidir si continúan con el bebé o lo dan en adopción.


Me parece que toman decisiones demasiado importantes y de las que apenas son conscientes. La mayoría de ellas se enamoran, traen un bebé al mundo llenas de ilusión y luego se dan cuenta que las sobrepasa. Pero el bebé ya está ahí, y la pareja, y la familia, y el mundo sigue girando alrededor y no pueden pararlo. Y algunas siguen con ello, y lo consiguen hacer realmente bien. Otras lo dejan en semanas, dan el bebé en adopción y siguen por otro camino. Otras deciden intentar prepararse mejor, buscar una familia de acogida y volver a intentarlo, o al menos, estar ahí, que su bebé, que su hij@ sepa que están ahí, que les quieren. Porque la mayoría les quiere, les adoran. Son sus hij@s. Y en muchos casos son su todo, aunque no sepan cómo afrontarlo.


Creo que todos tomamos decisiones que nos sobrepasan, a diario, sin darnos cuenta. Y a veces hacemos frente a las consecuencias, a veces no. Pero tener 17 años y tomar decisiones para toda tu vida... eso es muy difícil. Yo creo que la mayoría lo hace lo mejor que puede y lo mejor que sabe.

Nada más.

Necesitaba reflejarlo.

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