lunes, 2 de enero de 2012

... y Miranda así.

Llegar a última hora del día 23, pero llegar. Que vengan los papás a buscarme. Dormir... dormir mucho, y despertar. Desayunar, comer, merendar, picar entre horas, ponerme al día. María, Rakel, Nochebuena, amigos de Rakel, beber y salir, reír, reír mucho.

Días de cañas, cotilleos, Raúl haciéndome de guía turístico, conocer a la sobrina de Rakel; Laura, Nai, comer en el italiano (¿que han abierto un italiano? ¿al lado de qué estación de autobuses?), echar un café, tomar luego unos pacharanes, alargar la sobremesa hasta la 1 de la mañana, añadir pinchos. Seguir riendo.
Dormir... Comer, comer, comer... Nochevieja (¿ya? ¿tan pronto?), otro año más. Champán, copas, brindis, salir... Y perderse. Reír, reír, reír mucho, disfrutar de la gente que está ahí, hacer que sea una noche especial. Servir copas, tomarte más de las que sirves, invitar a discreción; tener conversaciones serias con quien hacía mucho que no las tenías, recordar cómo fuimos y darnos cuenta de lo que ahora somos; descubrir gente que no habías visto en tu vida, disfrutarla, pasarlo bien y no exigir nada más. Llegar tarde a casa...

Dormir. Dormir, dormir, dormir. Última visita de María.

Madrugar. Decir adiós. Coger un tren. Coger el metro.

Últimas llamadas desde España.

Coger un avión.

Volver a estar en Wiesbaden...

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